martes, 25 de octubre de 2011

La causa

En el capítulo anterior Roudolfo un tío con dinero, cabeza grande y mucha gomina, es la garantía de que el nuevo apartamento está bien.
Julio vive entre Roudolfo y la novia de Roudolfo. Las palabras: flores, ternera, espantapájaros de paja con sombrero y limpiaparabrisas eléctrico estaban relacionadas con la causa por la que Julio quiere cambiar de apartamento.
Si con las palabras dieras con la causa del cambio, debes tener poderes porque las palabras no tienen relación con el motivo de querer mudarse. Las puse para despistar.

La razón por la que Julio quiere cambiar de apartamento después de haber dormido solo una noche es la discoteca.
El apartamento está cerca de una discoteca. Al principio no creyó que le afectara el ruido y, no le afecta el ruido de la música, le afecta el ruido de las personas con un alto nivel de alcohol en sangre que salen de la discoteca.
La primera noche (sábado) un tipo estuvo gritando bajo su ventana. Gritaba a sus amigos que se dieran prisa. ! Vamos, daros prisa!!!! ! Daros prisa!!!! !Daros prisa!! ! Daros prisa!! Con tanta prisa Julio se despertó a las dos y media de la mañana y ya no pudo conciliar el sueño.
Dos días después (lunes) Va a la agencia inmobiliaria, le cuenta lo sucedido a la de la oficina y la tía suelta: Es la primera vez que escucho una queja similar en ese apartamento. Todos los agentes inmobiliarios son iguales. La cuestión es que Julio puede cambiar de apartamento, pero si lo hace, pierde el depósito de 500e. Para no perderlo, ha de esperar seis meses. ¿Cambia? ¿No cambia?
El ruido de los sábados es la única cosa negativa.
Las ventajas es que el apartamento está en el centro, tiene cuatro ventanas en el comedor con vistas al lago. Puede ver las nubes, los árboles, los pájaros y también a gente pasar. Hay mucha luz, el sol entra por las tardes y de momento no tiene frío.
Julio se quedaría, pero tiene que buscar algún tipo de solución a los sábados.
Esto es lo que ha pensado:
El aparcamiento pertenece a un supermercado y por el aparcamiento van los borrachos o personas que salen de la discoteca, para ir a un establecimiento de comida rápida donde sacian su hambre. La solución es denunciar a la discoteca, hacer al supermercado que cierre el aparcamiento y denunciar al establecimiento de comida rápida porque cierra muy tarde. Va a recibir millones por esto, está claro.

Continuará……………………

martes, 18 de octubre de 2011

Roudolfo

En el capítulo anterior, Julio entra a vivir en un nuevo apartamento y después de la primera noche, quiere volver a cambiar. En este capítulo he de decir la causa del cambio.


Antes de decidirse por el nuevo apartamento, Julio había mirado otros. Estuvo en tres diferentes con algo en común, el ruido. Los tres estaban al lado de una carretera transitada y los desestimó por el ruido de los coches. Aunque lo que más le preocupaba era el frío.
¿Sabes si este apartamento es frió? pregunta Julio a la chica de la agencia inmobiliaria. No lo creo, Además Roudolfo vive en uno de ellos desde hace mucho tiempo, respondió.
Roudolfo es conocido en la zona, es el jefe de una cafetería. Es un tipo con dinero de poca estatura, pelo negro, cabeza grande y mucha gomina. ( Lo de mucha gomina es por lo de la cabeza grande)
En muchas ocasiones, Julio le ha visto saludando a personas y su saludo es excesivamente amable, excesivamente efusivo, parece un saludo falso. La gente le saluda y siguen su camino sin pararse a mantener una conversación.
Roudolfo, un tío con dinero y con gomina en la cabeza, era la garantía de que el apartamento estaba bien y Julio se olvidó del posible ruido o el frío y las vistas que hay del lago( hay un lago) ayudó a despejar toda duda.
Algo curioso de Roudolfo, aparte de su saludo, la gomina y su grande cabeza es que todos los trabadores de su cafetería son chicas atractivas.(trabajadoras) ¿Será esto una táctica para atraer a la clientela masculina? O ¿Es que Roudolfo es un depredador de mujeres?
La primera vez que lo vio, le pareció gay. Aunque la de la oficina le ha dicho que tiene novia y la novia también vive en uno de los apartamentos.
Roudolfo vive en el apartamento cinco, Julio en el seis y la novia vive en el siete. El apartamento de Julio está entre medio de Roudolfo y su novia. No es normal que vivan en apartamentos separados. Pero esta es la posible causa:
Roudolfo llegó primero al apartamento número cinco y conoció a la novia cuando esta empezó a vivir en el número siete o la novia llego primero y luego vino Roudolfo. Y hasta aquí la posible causa. Espera que ahora que he llegado al número seis, el del medio, no quieran hacer un trío. De momento Julio no ha visto a Roudolfo ni a la novia. Pero está seguro que cuando Roudolfo le vea, le va a obsequiar con uno de sus falsos saludos.
Por cierto no he puesto la causa por la que Julio quiere cambiar de apartamento, bueno, ya la escribo en el siguiente episodio. Lo hago para mantener el suspense. Que suspense.. eh?
Estas son unas palabras relacionadas con la causa por la que Julio quiere cambiar de apartamento: flores, ternera, espantapájaros de paja con sombrero y limpiaparabrisas eléctrico.

Continuará…………
 

domingo, 9 de octubre de 2011

trece

Julio ha cambio de apartamento. En nueve años esta es la decimotercera vez que lo hace. Y ahora, al acabar la mudanza, habiendo dormido solo una noche en la nueva cama está empezando a pensar en cambiar otra vez. ¿Estaré loco? Piensa Julio. Mucha gente responderá afirmativamente. Cambiar trece veces de vivienda no debe ser algo muy estable anímicamente. Julio cree estar bien, no cree estar loco. Aunque la mayoría de locos afirman no estarlo.
Su antiguo apartamento estaba bien, le gustaba, se hubiera quedado de no ser por que la luz del lavabo se encendía automáticamente cuando abría la puerta y se quedaba encendida diez minutos, luego se apagaba sola pero cuando entraba otra vez se volvía a encender por otros diez minutos. También la calefacción solo funcionaba por la noche, hacía mucho frió en invierno y porque los vecinos de arriba, uno con pelo largo, otro con pelo rojo y otro con pelos en el pecho dejaban botellas de cerveza rotas en las escaleras. Un día encontró una en su puerta. ¿Habré sido yo el de la cerveza y ahora no me acuerdo? Se preguntó Julio ¿A lo mejor tengo doble personalidad y no me he dado cuenta? La comunicación entre vecinos era inexistente, por un lado estaba bien porque no hicieron ninguna reunión de vecinos pero por otro las escaleras daban asco verlas.
Lo de la luz del lavabo. Si entraba a mear, digamos una meada corta, con prisa y no se lava las manos, (siempre se las lava, esto es solo una supuesta emergencia) permanece en el lavabo quince segundos. Son quince segundos, pero paga nueve minutos cuarenta y cinco minutos de luz. No poder apagar la luz del lavabo enfureció a Julio cuando lo descubrió, después de haber firmado el contrato. Solucionó el problema desactivando la luz del lavabo en el panel de control cuando acababa de usarlo. Con el pasó del tiempo no encendía la luz del lavabo se acostumbró a usarlo sin luz.
Desactivar la luz le pareció una idea brillante pero creó un problema, al mismo tiempo que desactivaba la del lavabo también se desactivaba la luz de la habitación. Cosa que también le enfureció, pero lo solucionó poniendo una lámpara, otra idea brillante.
La calefacción solo por la noche le sacó de sus cabales porque le hubiera gustado encender la calefacción a su antojo, pero se calmó cuando el calor permanecía todo el día en el comedor y cuando vio que no era muy costoso pagar la factura eléctrica.
En invierno se estaba bien en el comedor pero no en la habitación, ni en el lavabo ni en el pasillo. En la habitación había calefactor, funcionaba por la noche pero el calor no permanecía en la habitación durante el día. En el pasillo había un calefactor muy pequeño y no calentaba lo sufriente. En el lavabo no había calefactor y cuando iba a mear batía récords de meadas cortas porque tenía miedo que se le congelara el miembro. Salir de la ducha era un salir corriendo después de secarse dentro de la mampara. Mear y defecar con el abrigo puesto y sin luz, lo ha hecho durante una temporada y le gustaría cambiar.
El nuevo apartamento está en el edificio de al lado. Le favoreció la cercanía para la mudanza. Está cansado de mudanzas, son tediosas y cansinas. Después de doce mudanzas, puede decir que tiene algo de experiencia en ellas. Está se la he tomado con mucha tranquilidad. Empezó un Viernes y acabó un Miércoles.
Julio quiere cambiar de apartamento habiendo dormido solo una noche en el nuevo. La razón en la siguiente historia.

Continuara………

miércoles, 2 de febrero de 2011

Jefe de Domingo ( Día 7)

A las nueve abro la puerta principal para que la gente entre a la instalación. Yo llego media hora antes para prepararlo todo y dejo la puerta de empleados abierta para que mis compañeros puedan entran antes de las nueve. Mis preparaciones son encender las luces, los ordenadores, poner la música, encender las maquinas del gimnasio encender la sauna… etc.
Desde la piscina, veo a un hombre en recepción que no había visto nunca. Era muy pronto para que fuese un usuario. Voy a su encuentro y cuando llego, no estaba ¿Este hombre quien es y donde se ha metido? Barajaba la posibilidad que fuese un ladrón o que hubiera pasado la noche dentro. Me veo inmerso en una trama policial donde el hombre me secuestra y hay persecuciones de coches y helicópteros. Me enamoro de su compinche pero al final la cosa no sale bien porque es liquidarla o salvar a la humanidad.¿Qué hago? He visto muchas películas.
Cuando estoy en recepción lo veo fuera y vuelve a entrar por la puerta de empleados. Con toda tranquilidad me saluda y se dirige a subir las escaleras para ir al gimnasio con toda normalidad, sin presentarse ni decir a que ha venido. ¿Esto cómo se maneja? Me pregunto alucinado.

Perdone,le digo. ¿Va al gimnasio?

No, dice. Voy a tapar una de las paredes de la habitación del rayos uva. Estuve aquí ayer y como no me dio tiempo de acabar voy a acabarlo hoy. Ah muy bien.

Subo con él porque no me fío y una de las paredes estaba deteriorada.
Alucino con mi jefe que no me haya dejado una nota anunciándome el acontecimiento.
Después de una hora, me llaman desde recepción porque el obrero requiere de mis servicios.
¿A ver que quiere este? Querrá enseñarme la obra de arte y decirme que ya ha acabado. Espero que no me pida dinero o me secuestre.
Cuando lo encuentro, dice que tenía otra trozo de pared para reparar pero que no se acuerda donde estaba.

¿Cómo dice?
¿Pero no se lo dijo ayer el jefe? Le pregunto

Si me lo dijo, y lo vi, es pequeño, pero ahora no sé donde está, dice él.

¿Se acuerda si estaba en la planta de arriba o en la debajo?

No, dice.

¿Cerca del gimnasio?

No, no me acuerdo, dice.

Esto es de locos.
Pregunto a la de recepción, al del gimnasio y a los socorristas pero ninguno sabe nada.
Ver al hombre desconcertado, hace que me desconcierte y me dedico a buscar el deterioro en la pared, pero no veo nada. Hasta que entro en el lavabo de mujeres y lo encuentro.
Se lo digo al personaje tapa paredes y a los 15 minutos, acaba y se va.
¿Quién ha contratado a este tipo?
Vivan los profesionales.

jueves, 6 de enero de 2011

El apartamento (capítulo 6)

En ocasiones voy a un restaurante indio y compro comida para llevar. Suelo pedir siempre lo mismo, pollo con espinacas. El hecho de comer espinacas no hace poner más fuerte, al menos a mí. Aunque a Popeye si le pone más fuerte.
Un día vi la receta del pollo con espinacas por Internet y decidí hacerla yo mismo. Con papel en mano compré los ingredientes en el supermercado y preparé la receta en el apartamento. Lo hice todo al pie de la letra (menuda expresión al pie de la letra) El resultado salió bien pero era diferente al del restaurante. Ellos le ponen más espinacas.
Tenía en un cazo la comida lista para servir pero me dí cuenta que se me habían olvidado hacer patatas. La idea era acompañar el manjar con patatas al horno.
Me daba reparo ponerme a hacer la patatas y como vivo en el centro a dos minutos del supermercado, dejé la comida tapada y bajé a comprar. En el supermercado hay una zona al lado de la carnicería (si vas, es al lado de la carnicería) donde hacen comida para llevar y muchos días tienen patatas al horno. Allí estaban las patatas y también tenían lasaña recién hecha de la que me enamoré nada mas verla. Quería lasaña y patatas. La primera me la comería por la noche y las segundas con el pollo con espinacas.
Ponme la lasaña y patatas, le digo a la dependienta.
¿Te lo pongo las dos cosas en el mismo recipiente? pregunta la trabajadora.
No, no. Las quiero separadas, le digo.
Pero junto te va a salir más barato.
Es igual, le respondo.
¿Quieres que te lo ponga junto? vuelve a insistir.
¿Pero? pienso. No, lo quiero separado, le vuelvo a decir.
Así te sale más caro, me dice
Me da igual el precio, le respondo.
En esté sito deben estar acostumbrados a poner las patatas con la comida que han preparado ese día en el mismo recipiente. Al menos, eso es lo que deben pedir normalmente los clientes. Con tanta insistencia me estaba empezando a subir la sangre a la cabeza. No tenía ganas de contarle el porqué quería las dos cosas por separado, yo solo quería coger la compra e irme. No tengo porque dar explicaciones. ¿No sé por qué tienen que poner en duda mis deseos? ¿No es el cliente el que siempre tiene la razón? Encima cuando le dije lo que quería me miró con cara de tu eres tonto, así te sale más caro.
¿Estás seguro? pregunta por última vez.
Si, le digo, inflando el pecho y con la cabeza alta.
Por fin prepara lo que quiero y antes de dármelo lo pesa y me dice el precio para que dé el visto bueno. En ese momento tuve pensamientos agresivos, violentos, desgarradores, feroces, bruscos, virulentos, belicosos hacia su persona.( No veía más adjetivos en el diccionario). Los pensamientos eran internos pero por fuera estaba sonriendo pero con los dientes apretados. Doy el visto bueno cojo el pedido y me marcho aliviado por conseguir lo que quería, aunque me costó conseguirlo.
Llego al apartamento saco lo comprado de su bolsa y pienso:
¿A que junto la lasaña con las patatas? Pero al final no lo hice. Hubiera sido perder la batalla ganada

 

 

 

 

sábado, 1 de enero de 2011

EL apartamento (capítulo 5)

Quien inventó en horno eléctrico tuvo una buena idea. Al que se le ocurrió poner un cristal transparente en la puerta del horno, tuvo otra buena idea. Al que se le ocurrió poner reloj temporizador, luz y un ventilador, también tuvieron buenas ideas.
En el apartamento donde vivía antes tenía un horno sin puerta transparente, sin luz, sin ventilador y sin reloj temporizador.
El primer día que uso el horno en mi nuevo apartamento, compré pescado. El pescado estaba congelado y venía dentro de una caja metido en una bolsa. Hasta aquí todo bien hasta que leí las instrucciones de cocción. Ponía que para hacer el pescado se debe meter la bolsa con el pescado en el horno a 220 grados de temperatura. ¿Cómo voy a hacer eso? Pensé. De toda la vida el plástico se derrite con el calor, pensé otra vez.
No me fiaba de las instrucciones y puse el pescado en bolsa dentro del horno pero solo con el ventilador encendido. En la caja había un dibujo de ventilador. A mi favor he de decir que era la primera vez que hacía funcionar el horno. Después de doce minutos observando constantemente el pescado a través del cristal, (la bolsa tiene una parte transparente por donde se puede ver el pescado) llegué a la conclusión que el pescado no se estaba haciendo y el ventilador no calienta por si solo. Si es que, soy muy listo.
La bolsa de plástico está cerrada por cada uno de sus lados y no hay manera de que se salga el pescado si no es abriéndola con un objeto cortante (tijeras)
En un arrebato de valentía, me aventuré a poner el horno con el pescado en bolsa a 220 grados de temperatura, me la juego. Es la cosa más peligros que he hecho en tiempo.
Con el paso de los minutos y sin dejar de mirar el pescado por un segundo, vi que la bolsa en vez de derretirse se estaba hinchando, Cáspita!! ¿Que fenómeno físico estará sucediendo? Después de veinte minutos y asustarme con el ruido de la alarma del reloj temporizador indicador del final de cocción, la bolsa no se había derretido y el pescado parecía hecho. Saco la bolsa del horno, la corto, dejo caer el contenido en un plato y sale el pescado caliente con salsa también caliente. (También había salsa).
Estaba bueno. Hice patatas y lo acompañé con ensalada, pan y de postre, helado.
Si los descubridores del fuego vieran este fenómeno, se caerían de espaldas, yo estuve apunto de caerme, pero porque me tropecé con la pata de una silla. Tenía la silla para sentarme y mirar el pescado y luego al abrir el horno alucinado por los acontecimientos se me olvidó que la tenía detrás y por poco me caigo.

 

Nada más