viernes, 16 de noviembre de 2012
En la ciudad IV
Del pueblo a la ciudad voy en autocar. En el vehículo había solo dos asientos libres. Estaban en la misma fila separados por el pasillo. En los asientos de la ventana había un chico joven y un hombre robusto.
Debatiendo por varios segundos donde sentarme, el hombre robusto me pregunta:
“¿Quieres sentarte aquí?”
“Bueno,” digo, pensado en la amabilidad del hombre.
Nada más sentarme me arrepiento de hacerlo. El hombre robusto ocupa parte de mi asiento y estoy incómodo, no tengo espacio. Estoy encogido pegado al enorme brazo del hombre y con medio culo fuera de mi asiento.
Pasar todo el viaje con medio culo fuera de mi asiento, no me va a resultar cómodo.
Miro el otro asiento vacío y pienso en lo cómodo que voy a estar sentado al lado del chico joven. Su cuerpo apenas roza el otro asiento.
¿Cómo le digo al hombre robusto que me quiero cambiar de sitio? A lo mejor se ofende.
Pero es que estoy incómodo ¿Qué es mejor estar incómodo sin ofender o estar cómodo habiendo ofendido? ¿A lo mejor me siento incómodo estando cómodo en mi asiento después de haberle ofendido?
El hombre tiene ganas de hablar. Me ha preguntado de donde soy y que voy a hacer en la ciudad. Tiene un acento difícil de entender y ha tenido que hacerle repetir dos veces las preguntas.
Como la comunicación parece que va a resultar ardua, sacó un libro para leer e intento hacerme un poco de espació moviendo mis brazos para desplazar un poco al hombre, pero no logro conseguirlo, es imposible mover a la masa de carne de mi lado.
Se me ocurren dos posibilidades para librarme de mi incomodidad, vomitarle encima o moverme al asiento de al lado.
Cuando estoy empezando a tener arcadas para provocar el vomito, el hombre pregunta:
“¿Parece que no tienes mucho espacio?”
“No, no lo tengo, me voy a sentar a este asiento,” digo señalando al asiento de al lado.
Sin dejar que musite palabra me levanto y cambio de sitio.
Ha sido un alivio. No he tenido que vomitar.
Percibo diferencias entre la incomodidad y la comodidad. En mi nuevo asiento estoy cómodo, el chicho con el que estoy sentado ni me roza. Estoy cómodo sentado, pero quiero cambiarme de sitio, hay algo que me incomoda.
El chico desprende un olor insoportable. Huele a vaca. No quiero pasar todo el viaje oliendo a vaca. Estaba mejor en mi anterior asiento, pero no puedo volver. En una parada ha subido un chico y el hombre grueso lo ha atrapado con su amabilidad;
“¿Te quieres sentar aquí?” El muchacho se ha sentado y el hombre ya le ha preguntado de donde es y que va a hacer en la ciudad.
El autocar hace otra parada y bajan tres personas. Tres asientos de la última fila están libres. Es mi oportunidad para desprenderme del olor a vaca. Voy a poder evitar que me persigan las moscas cuando esté en la ciudad.
Me levanto dejando al mal oliente de mi lado en su asiento y me siento en el asiento que da al pasillo. Puedo estirar las piernas, es una alegría, me invade la felicidad.
Hay otra parada y suben dos mujeres que deben comer una barbaridad, son enormes.
Solo hay dos asientos libres uno a mi izquierda y otro a mi derecha. Creo que se donde se van a sentar.
Paralizado, viéndolas avanzar, no se me ocurre pensar que sería una buena idea moverme y dejar que las dos se sienten juntas. Cuando me doy cuenta, estoy embutido entre sus cuerpos, tengo una a mi izquierda y otra a mi derecha. No me puedo mover porque sus masas corporales me lo impiden. Soy su prisionero. Nada más sentarse se han quedo dormidas. No puedo ni leer porque no puedo mover los brazos. Me siento un mosquito durmiendo entre elefantes.
Una cosa positiva de esta aplastante situación, es que, en caso de frenazo repentino voy a ser el pasajero más seguro de todo el autocar.
Continuará….
sábado, 10 de noviembre de 2012
En la ciudad III
Pasamos el día juntos. Comemos y vamos a otro museo. El arte abstracto no lo veo con claridad. Ella esta ensimismada. En cada sala hay un empleado del museo sentado en una silla con cara aburrida. No parece un trabajo muy divertido. Me pregunto si pasan el tiempo analizando a la gente y si saben reconocer al visitante ignorante de arte como yo o al que realmente sabe.
En cada sala, parece haber alguien muy listo explicando a sus acompañantes el cuadro de turno. Magdalena es la lista, la experta. Ella me explica lo que el artista expresa en cada obra, pero yo solo veo rayas sin significado. Mi sobrino de cinco años podría dedicarse al arte abstracto. Soy un ignorante.
Vamos a otros dos museos, en el último hay una exposición de esculturas raras ¿Cuántos exposiciones raras habrá en esta ciudad? En el pueblo donde vivo solo hay un museo, Hay cuadros más realistas, donde se puede ver el mundo que nos rodea. Hay cuadros de flores, mujeres en bolas, cuadros de árboles y más mujeres en bolas.
Por la exposición, voy detrás de ella cansado de andar, arrastrándome por cada sala. Me duelen los pies y tengo dolor de cabeza. Empiezo a creer que una sobreexposición repentina al arte abstracto me va a crear un traumatismo craneoencefálico agudo.
Podría pasar horas y horas visitando museos, dice Magdalena
Yo podría pasar días enteros, digo.
¿Por qué habré dicho lo contrario a lo que pienso?
Me abraza como si yo fuera su obra de arte preferida.
Me encanta ver arte contigo, miento.
Y me da un largo y apasionado beso
Me pregunto si practicaríamos sexo si le compro uno de los cuadros
Mira lo que he pensado, dice cogiéndome las manos.
¿Sexo? pienso
Me voy a Roma mañana.
¿Mañana?
Si, siempre he querido ir a Roma, voy a ir pasar un año.
¿Un año?
Si, voy a estudiar arte. Había pensado que podría venir conmigo.
¿Yo?
Si tú. Sé que es un poco repentino, y que nos conocemos hace muy poco, pero nos llevamos tan bien y disfrutamos tanto juntos, que me gustaría que vinieras.
Pero si esta noche vuelvo a mi pueblo, a mi apartamento y mañana tengo que trabajar.
Déjalo todo y vente conmigo. Hazlo por el amor al arte.
¿Arte?, ¿amor?
¿Qué me dices? pregunta
Creo que no.
¿No vienes?
No.
¡Tú eres un idiota! Me da una bofetada y se va dejándome abstracto en el museo.
Creo que se ha sentido un poco defraudada después de mi negativa.
En roma tiene que haber muchos museos.
La historia con Magdalena se acaba y también mi estancia en la ciudad. Tengo que volver al pueblo donde vivo. Voy a venir más veces a la ciudad, tengo más cosas por ver. De momento, ya he visto los museos.
Continuará....
jueves, 1 de noviembre de 2012
En la ciudad II
En el museo hay una exhibición de un artista que desconozco. Es su escultor favorito. Las esculturas son todas de color negro. Hay con forma de huevo, otras con forma de pájaro, otras con forma de mujer y de bicicleta.
La pieza más valorada del museo está en el medio de una sala blanca. Es una escultura en forma de montaña de color negro, de metro y medio de alto, con un agujero en el medio y en este, una mano también de color negro Cuando Magdalena la ve, se emociona, se para nada más verla, se tapa la boca con las manos y respira fuertemente.
Estamos solos en la sala y Magdalena parece que está sufriendo un ataque de asma.
Cuando se le pasa el ataque, mira la escultura de arriba a abajo, da vueltas sobre ella, parándose, observando todos los detalles, está alucinada. Yo si que estoy alucinado.
Nunca he visto nada tan bello, ¿Ves la armonía?, ¿la percibes? Es la obra perfecta.
¿Qué te parece? Pregunta entusiasmada.
Horrenda.
Dame tiempo, digo.
Tómatelo, tómatelo, dice excitada.
¿Ahora qué le digo a esta?
Con mi mano en mi barbilla, como pensando profundamente, me acuerdo de un día que tuve diarrea durante toda la noche, lo pasé fatal.
Solo se me ocurren adjetivos descalificativos y no se me ocurre nada positivo.
Me parece…… es…
Si, dice ella delante de mí esperando la respuesta.
Es….. umm…no sé que decir. Al final digo:
No tengo palabras.
Guau! Dice ella. Esta escultura suele dejar a la gente sin habla.
Es alucinante. ¿Percibes la energía que desprende?
¿Qué?
¿Percibes la energía?
Si, si, claro que la percibo.
Siento que tú y yo estamos conexionados, lo noto. La energía fluye por nuestras conexiones, ¿lo notas tú también? Pregunta poniendo sus brazos en mis hombros.
Claro que lo noto.
Sus ojos irradian felicidad, lo mismo que los míos y nos besamos dejando a la energía que fluya por las conexiones esas que tenemos.
Continuará……
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