domingo, 9 de octubre de 2011

trece

Julio ha cambio de apartamento. En nueve años esta es la decimotercera vez que lo hace. Y ahora, al acabar la mudanza, habiendo dormido solo una noche en la nueva cama está empezando a pensar en cambiar otra vez. ¿Estaré loco? Piensa Julio. Mucha gente responderá afirmativamente. Cambiar trece veces de vivienda no debe ser algo muy estable anímicamente. Julio cree estar bien, no cree estar loco. Aunque la mayoría de locos afirman no estarlo.
Su antiguo apartamento estaba bien, le gustaba, se hubiera quedado de no ser por que la luz del lavabo se encendía automáticamente cuando abría la puerta y se quedaba encendida diez minutos, luego se apagaba sola pero cuando entraba otra vez se volvía a encender por otros diez minutos. También la calefacción solo funcionaba por la noche, hacía mucho frió en invierno y porque los vecinos de arriba, uno con pelo largo, otro con pelo rojo y otro con pelos en el pecho dejaban botellas de cerveza rotas en las escaleras. Un día encontró una en su puerta. ¿Habré sido yo el de la cerveza y ahora no me acuerdo? Se preguntó Julio ¿A lo mejor tengo doble personalidad y no me he dado cuenta? La comunicación entre vecinos era inexistente, por un lado estaba bien porque no hicieron ninguna reunión de vecinos pero por otro las escaleras daban asco verlas.
Lo de la luz del lavabo. Si entraba a mear, digamos una meada corta, con prisa y no se lava las manos, (siempre se las lava, esto es solo una supuesta emergencia) permanece en el lavabo quince segundos. Son quince segundos, pero paga nueve minutos cuarenta y cinco minutos de luz. No poder apagar la luz del lavabo enfureció a Julio cuando lo descubrió, después de haber firmado el contrato. Solucionó el problema desactivando la luz del lavabo en el panel de control cuando acababa de usarlo. Con el pasó del tiempo no encendía la luz del lavabo se acostumbró a usarlo sin luz.
Desactivar la luz le pareció una idea brillante pero creó un problema, al mismo tiempo que desactivaba la del lavabo también se desactivaba la luz de la habitación. Cosa que también le enfureció, pero lo solucionó poniendo una lámpara, otra idea brillante.
La calefacción solo por la noche le sacó de sus cabales porque le hubiera gustado encender la calefacción a su antojo, pero se calmó cuando el calor permanecía todo el día en el comedor y cuando vio que no era muy costoso pagar la factura eléctrica.
En invierno se estaba bien en el comedor pero no en la habitación, ni en el lavabo ni en el pasillo. En la habitación había calefactor, funcionaba por la noche pero el calor no permanecía en la habitación durante el día. En el pasillo había un calefactor muy pequeño y no calentaba lo sufriente. En el lavabo no había calefactor y cuando iba a mear batía récords de meadas cortas porque tenía miedo que se le congelara el miembro. Salir de la ducha era un salir corriendo después de secarse dentro de la mampara. Mear y defecar con el abrigo puesto y sin luz, lo ha hecho durante una temporada y le gustaría cambiar.
El nuevo apartamento está en el edificio de al lado. Le favoreció la cercanía para la mudanza. Está cansado de mudanzas, son tediosas y cansinas. Después de doce mudanzas, puede decir que tiene algo de experiencia en ellas. Está se la he tomado con mucha tranquilidad. Empezó un Viernes y acabó un Miércoles.
Julio quiere cambiar de apartamento habiendo dormido solo una noche en el nuevo. La razón en la siguiente historia.

Continuara………

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