jueves, 28 de octubre de 2010

El apartamento (capítulo 3)

La nevera

En el estudio donde vivía antes tenía una nevera pequeña, sus dimensiones eran: tres bolis bic de alto por tres bolis de ancho. El congelador estaba dentro de la nevera. Era un espacio rectangular que no congelaba nada. Con el paso del tiempo se hinchaba de hielo y ya no tenía un congelador sino un trozaco de hielo. El trozo de hielo restaba espacio para meter los alimentos y cuando los metía dentro era como jugar al tétris. Los tomates, la carne, la leche, la lechuga… quedaban aglutinados como si aguantaran la respiración. Eso si, hielo no me faltaba
Ahora en el nuevo apartamento tengo un neverón. Es de siete bolis bic de alto por cuatro de ancho. Es una cosa inmensa.
No te lo pierdas, tiene luz por dentro y un montón de compartimentos. Hay para las verduras, para la leche, para botellas y hasta para los huevos, incluso hay dibujitos para saber donde hay que poner cada cosa. Luego hay un regulador de temperatura y un piloto verde que indica que el aparato funciona y esto no es todo, eso es solo la nevera. También hay un congelador de cuatro bolis bic de ancho por cuatro de largo, con diferentes compartimentos y no veas si congela. Es espectacular. Aunque creo que es mucha nevera para mí. No estoy diciendo ahora que eche de menos la nevera de bolsillo de antes, pero es que abro el neverón y aparece un interior triste, vacío, sin el alboroto del aglutinamiento. No sé, los huevos a lo mejor se sienten solos, no hay un roce como el de antes.
Puedo aceptar la fría realidad o poner todos los alimentos más juntos y aprovechar el espacio restante. Podría comprar fruta de plástico, carne de plástico…etc. y tener la parte de arriba hasta la bandera.
En el apartamento no tengo estanterías, aún no las he comprado y tengo muchos libros y libretas en el suelo. Estaba pensando meterlos dentro y así se conservarían mejor. Tengo ideas de genio, ¿a que sí?

miércoles, 20 de octubre de 2010

El apartamento (capítulo 2)

El capítulo anterior me quedo con un apartamento del que ninguno de mis contactos me había dado referencias.


En el interior hay, lavadora, nevera, horno, un lavavajillas, una mesa y unos sillones en el comedor. Una cama de matrimonio, dos armarios y una mesita en la habitación. La primera vez que lo vi no había absolutamente nada. También esperaba unos cubiertos, vasos, platos y algunos utensilios varios del hogar. Pero no hay nada de eso. Tengo que comprarlos. No me hizo gracia al principio. Pero bueno, iré comprando las cosas poco a poco según la necesidad. Para empezar tengo una cubertería de plástico. Es de color blanco. Una de las cosas buenas del plástico es que no se rompe cuando se cae al suelo. Si el cuchillo topara por accidente con uno de mis dedos no me corto. Impresionante ¿verdad?
Para entrar al apartamento hay que cruzar cinco puertas, cuatro cuando es de día. La quinta está abierta por el día y la cierran por la noche.
Si es de noche, después de abrir la primera puerta metálica con rejas, entras en una pequeña calle que pertenece al edificio. Luego, a la izquierda, subes por unas escalares y hay otra puerta metálica con rejas. Después de esta hay otra pequeña calle. Se puede ir recto o girar a la derecha. Yo giro a la derecha y luego a la izquierda donde encuentro la tercera puerta, que es la de mi edificio. Después de abrirla subo escaleras hasta el primer piso. Luego encuetro la cuarta puerta, la cual no está cerrada y se abre empujando y al fondo del pasillo ya tengo la puerta del apartamento. Esto parece complicado pero es más complicado aún cuando en la primera, en la segunda y en la tercer puerta hay que poner un código de cuatro dígitos para entrar.
¿Para que tanto código?¿No sería mejor unas cerraduras? Esto parece una cárcel o una guarida de espías. Ya lo tengo!, estoy aquí porque me quieren introducir en la organización, pues nada, seré un espía.
Ya me veo riendo a carcajadas el día que me quede tirado en la calle porque el aparatejo donde se pone el código no funciona. Si algún día me emborracho no voy a poder entrar en casa, cualquiera se acuerda de los códigos borracho. Espero que ese día no me echen de la organización, yo quiero ser espía.

jueves, 14 de octubre de 2010

El apartamento (capítulo 1)

Vivo en un nuevo apartamento. La búsqueda empezó cuando un amigo polaco, de Polonia, me sugirió (mientras estábamos en la sauna ) la idea de vivir juntos. Para las mentes enfermas, el polaco tiene novia. Aunque pensando, la novia está en Polonia. De todas formas no es mi tipo. A mi me gustan con pechos, sin miembro entre las piernas y sin antecedentes de haberlo tenido.
Después de tres años viviendo solo en un pequeño estudio, no me hacía a la idea de compartir hogar y después de decirle si al polaco, yo no sé porque se lo dije, me entró pánico. El proyecto polaco, era empezar a buscar un sitio en treinta días con dos más. Los otros dos también tenían novia y también estaban en Polonia. Esto de las novias en Polonia es un poco sospechoso.
Yo te llamo, le dije. Al día siguiente empecé la búsqueda de apartamento para mi solo.
El primer apartamento era nuevo, con vistas al lago. Me lo enseñó un hombre muy amable. Insistió mucho en que los muros eran muy gordos y que no se oía nada los ruidos de la calle. Unos amigos estuvieron viviendo allí y me dijeron que se oye mucho ruido de madrugada por la carga y descarga de camiones. Iba con la idea de no quedarme el apartamento, solo quería verlo
El segundo era de segunda mano o de primeras personas(De segunda mano es una raqueta de tenis usada, aunque debería decirse de primera mano porque ya ha pasado por unas primeras manos). En fin. El hombre que me lo enseñó no me transmitía confianza. No me hacia contrato y luego los amigos de antes me comentaron que el hombre tenía un chanchullo ilegal con el dueño o algo así raro.
El tercer apartamento era viejo, estaba encima de una tienda de muebles. Me lo enseñó el dueño de la tienda de muebles. Un hombre majo, aunque decía que la basura la podía tirar donde quisiera. La puedes tirar en tu trabajo. ¿Qué dices loco? Pensé. No me veía yendo a trabajar con la mochila llena de basura.
El cuarto era viejo por fuera pero nuevo por dentro (parece una adivinanza), estaba encima de un restaurante chino. Me gustó, pero unos amigos, los mismos que me aconsejaron en el primer apartamento y en el segundo, también habían vivido allí y decían que olía constantemente a comida china.
El quinto era para compartir, podría haber llamado al polaco.
Cansado de buscar, al final me quedé con el sexto. Es nuevo, cerca del lago pero sin vistas a este. Estuve llamando a mis contactos por si alguien había vivido allí o tenían algún conocido o habían escuchado algo del sito, pero nadie me dijo nada.

Continuará......

En el siguiente capítulo:

1. El apartamento está encantado.
2. Tengo una vecina nimfómana.
3. Parece un sitio de espías porque hay muchos códigos.