lunes, 28 de junio de 2010
Misterio
En la tienda de la gasolinera compro bastante porque es el último sitio donde puede hacerlo antes de llegar a casa.
En el establecimiento hay un dependiente con un comportamiento inexplicable.
Todos los días al pagar le doy el dinero en la mano y todos los días en vez de devolverme el dinero lo deja en el mostrador.
Yo pongo la mano de una formar cóncava para facilitar el retorno del cambio y el deja siempre el cambio en el mostrador.
Si pusiera el dinero en mi mano, la cerraría y me iría. Pero al dejarlo en el mostrador, tengo que recoger las monedas retrasando mi marcha.
Es como: ahí te dejo el dinero basura!!
El chico puede no entender el gesto cóncavo, pero no puede ser porque él lo hace cuando le doy el dinero.
A lo mejor tiene un trauma infantil con respecto al tema o no ve bien.
Podría moverle mi mano varias veces para hacerle entender la ilusión de querer recibir el cambio y no tenerlo que recoger.
Podría intentar adivinar el trazado del movimiento de su brazo para interceptar el dinero antes de dejarlo en el mostrador.
Podría cogerle del cuello y estrangularle.
La situación se va repitiendo día a día, semana a semana, mes a mes y ya voy con la idea de recoger las monedas.
Un día harto, le pagué con su misma moneda (pero con mi dinero) y pasó una cosa extraordinaria, excepcional e insólita.
Pagué dejando las monedas en el mostrador y me devolvió el cambio en la mano.
Esto es un misterio
En el establecimiento hay un dependiente con un comportamiento inexplicable.
Todos los días al pagar le doy el dinero en la mano y todos los días en vez de devolverme el dinero lo deja en el mostrador.
Yo pongo la mano de una formar cóncava para facilitar el retorno del cambio y el deja siempre el cambio en el mostrador.
Si pusiera el dinero en mi mano, la cerraría y me iría. Pero al dejarlo en el mostrador, tengo que recoger las monedas retrasando mi marcha.
Es como: ahí te dejo el dinero basura!!
El chico puede no entender el gesto cóncavo, pero no puede ser porque él lo hace cuando le doy el dinero.
A lo mejor tiene un trauma infantil con respecto al tema o no ve bien.
Podría moverle mi mano varias veces para hacerle entender la ilusión de querer recibir el cambio y no tenerlo que recoger.
Podría intentar adivinar el trazado del movimiento de su brazo para interceptar el dinero antes de dejarlo en el mostrador.
Podría cogerle del cuello y estrangularle.
La situación se va repitiendo día a día, semana a semana, mes a mes y ya voy con la idea de recoger las monedas.
Un día harto, le pagué con su misma moneda (pero con mi dinero) y pasó una cosa extraordinaria, excepcional e insólita.
Pagué dejando las monedas en el mostrador y me devolvió el cambio en la mano.
Esto es un misterio
martes, 22 de junio de 2010
Final del día tres
En ocasiones hay personas con quejas. Estas persona suelen estar molestas por la temperatura del agua de las duchas, o porque la piscina está muy fría o cualquier otra cosa y requieren una explicación de un superior. Quiero hablar con el jefe, suelen decir a la recepcionista, cuando esta no ha logrado gestionar el problema. En estas situaciones me toca dar la cara y afrontar la tormenta. ¿Cómo se afronta una de estas situaciones? Me pregunto. ¿Salgo con una actitud amistosa, con una sonrisa al principio y semblante serio? o ¿con cara de mala leche, para acojonar al otro, por molestarme y enturbiar mi paz interior?
Esperaba con curiosidad el día y el día llegó.
Me llama Mis Priscila: Una persona quiere hablar contigo.
Desde la base que el cliente tiene la razón, voy con la idea de solucionar el conflicto de una forma pacífica y con un semblante neutro, con la intención de escuchar para luego intentar razonar una respuesta.
Esperaba encontrar una persona en un estado violento o a una persona enojada, convencida de tener razón y expulsando su frustración. Me vino la imagen de un perro asesino ladrando.
Llego a recepción y hay una señora con su hija. Querían ir al gimnasio. El problema era que la niña al tener 15 años no podía entrar porque los menores de 16 no tienen permitida la entrada .
La señora no está ni alterada ni enfadada. Me pregunta la cuestión y llanamente niego el acceso a la menor. La señora lo acepta y se va.
Extrañado le pregunto a Mis Priscila: ¿Pidió la señora hablar conmigo?
No.
Pero……?=¿¿?=….=?¿¿¿¿….!??¿¿.....(estos signos son para expresar mi incomprensión).
Te he llamado porque tú das más respeto.(¿Cómo?) Has visto, lo has solucionado enseguida.
Estas cosas las tienes que solucionar tú, la próxima vez no me llames para esto.
Decepcionado me quedo porque mi primera vez ha sido decepcionante.
Esta última frase la podría usar con otro tema de conversación, pero no fue mi caso.
Esperaba con curiosidad el día y el día llegó.
Me llama Mis Priscila: Una persona quiere hablar contigo.
Desde la base que el cliente tiene la razón, voy con la idea de solucionar el conflicto de una forma pacífica y con un semblante neutro, con la intención de escuchar para luego intentar razonar una respuesta.
Esperaba encontrar una persona en un estado violento o a una persona enojada, convencida de tener razón y expulsando su frustración. Me vino la imagen de un perro asesino ladrando.
Llego a recepción y hay una señora con su hija. Querían ir al gimnasio. El problema era que la niña al tener 15 años no podía entrar porque los menores de 16 no tienen permitida la entrada .
La señora no está ni alterada ni enfadada. Me pregunta la cuestión y llanamente niego el acceso a la menor. La señora lo acepta y se va.
Extrañado le pregunto a Mis Priscila: ¿Pidió la señora hablar conmigo?
No.
Pero……?=¿¿?=….=?¿¿¿¿….!??¿¿.....(estos signos son para expresar mi incomprensión).
Te he llamado porque tú das más respeto.(¿Cómo?) Has visto, lo has solucionado enseguida.
Estas cosas las tienes que solucionar tú, la próxima vez no me llames para esto.
Decepcionado me quedo porque mi primera vez ha sido decepcionante.
Esta última frase la podría usar con otro tema de conversación, pero no fue mi caso.
lunes, 14 de junio de 2010
Día 3 y tres cuartos
Cuando el del gimnasio (Discretoman) se coge su descanso, otra persona tiene que ir a sustituirlo para que no se quede el gimnasio sin supervisión. Mando a Hiperactivo para la sustitución. Cuando Discretoman vuelva, le toca a Hiperactivo coger sus treinta minutos.
Hiperactivo está como socorrista y entre el descanso del gimnasio y el suyo propio va a estar una hora fuera de la piscina. Se va a la una y debe volver a las dos. Cuando vuelve lo hace a las dos y cuarto en vez de a las dos. El tipo se ha cogido 45 minutos por el morro. Pensé que el chico podría tener problemas en diferenciar media hora de cuarenta y cinco minutos y me acerqué para aclarárselo.
¿Te has cogido cuarenta y cinco minutos de descanso?
Yo no he sido, ha sido el del gimnasio el que se los ha cogido y ha llegado quince minutos más tarde.
Voy al gimnasio y confiando en las acusaciones de Hiperactivo le digo a Discretoman: Sobre los descansos, no te puedes coger cuarenta y cinco minutos.
Si yo no me los he cogido. (Esto es un pitorreo)
¿Cómo dices?, le digo.
Solo he estado media hora. (Viva las contradicciones) ¿Ahora como lidio con estos dos?
Sigue diciendo: Antes de irme a comer, he estado unos diez minutos hablando con Hiperactivo y luego he cogido el descanso.
Con esta experiencia aprendo que en el caso de un conflicto bilateral he de escuchar las dos versiones de los hechos antes de sacar conclusiones y luego actuar en consecuencia.
Al del gimnasio, le suelto un rollo sobre la importancia de hacer los descansos a su debido tiempo.
Otra cosa aprendida es que no he de fiarme mucho. Si crías cuervos, te deben gustar los pájaros.( esto de los cuervos era una gracia).
¿Cuál de ellos estaría diciendo la verdad?
Si crees que es Hiperactivo llama al 952405895 y di la palabra "quiromancia"
Si crees que es Discretoman llama al mismo número y di la palabra "quejumbroso"
Esto era otra gracia. No llames al teléfono porque es de una perrera municipal de Málaga.
Hiperactivo está como socorrista y entre el descanso del gimnasio y el suyo propio va a estar una hora fuera de la piscina. Se va a la una y debe volver a las dos. Cuando vuelve lo hace a las dos y cuarto en vez de a las dos. El tipo se ha cogido 45 minutos por el morro. Pensé que el chico podría tener problemas en diferenciar media hora de cuarenta y cinco minutos y me acerqué para aclarárselo.
¿Te has cogido cuarenta y cinco minutos de descanso?
Yo no he sido, ha sido el del gimnasio el que se los ha cogido y ha llegado quince minutos más tarde.
Voy al gimnasio y confiando en las acusaciones de Hiperactivo le digo a Discretoman: Sobre los descansos, no te puedes coger cuarenta y cinco minutos.
Si yo no me los he cogido. (Esto es un pitorreo)
¿Cómo dices?, le digo.
Solo he estado media hora. (Viva las contradicciones) ¿Ahora como lidio con estos dos?
Sigue diciendo: Antes de irme a comer, he estado unos diez minutos hablando con Hiperactivo y luego he cogido el descanso.
Con esta experiencia aprendo que en el caso de un conflicto bilateral he de escuchar las dos versiones de los hechos antes de sacar conclusiones y luego actuar en consecuencia.
Al del gimnasio, le suelto un rollo sobre la importancia de hacer los descansos a su debido tiempo.
Otra cosa aprendida es que no he de fiarme mucho. Si crías cuervos, te deben gustar los pájaros.( esto de los cuervos era una gracia).
¿Cuál de ellos estaría diciendo la verdad?
Si crees que es Hiperactivo llama al 952405895 y di la palabra "quiromancia"
Si crees que es Discretoman llama al mismo número y di la palabra "quejumbroso"
Esto era otra gracia. No llames al teléfono porque es de una perrera municipal de Málaga.
lunes, 7 de junio de 2010
Día 3 y medio
Tenía que llamar la atención a Mis Priscila.
Mis Priscila es una chica alegre, guapa de cara, con la sonrisa siempre puesta, joven. Le saco catorce años. Me estoy haciendo mayor. Con ella he tenido dos momentos de desconcierto.
Un hombre se dejó la funda de las gafas en el suelo cerca del jacuzzi. Mis Priscila estaba hablando con un usuario que tenía gafas y había posibilidades que la funda fuera de él. De espaldas al hombre estuve haciendo señales a Mis Priscila. Señalaba la funda y luego al hombre para que le preguntara si la funda era suya. Pero esta no entendió mis señales. El hombre se fue y al rato volvió para preguntar por la funda. Ese fue el momento en el que Mis Priscila se enteró de el significado de mis señalizaciones.
Tenemos una piscina para niños donde hay una seta gigante por donde sale agua en forma de cascada. El agua de la seta se activa desde recepción. Mis Priscila estaba allí mirándome extrañada. Yo le estaba haciendo señales desde la piscina. Señalaba la seta para que encendiera el agua, pero ella movía su cabeza negando y con expresión de no te entiendo. Le hacia el gesto de girar el interruptor con una mano y señalaba la seta con la otra, pero seguía sin enterarse, también estuve imitando la cascada de agua con las manos pero no había manera. Al final salí a recepción y encendí yo mismo la seta.
En recepción pensaba cuál sería la mejor manera de llamarle la atención por haber estado tanto rato hablando por teléfono con Rosa la Seca.
No quería que fuera una manera brusca porque Mis Priscila tiene sensibilidad juvenil. Esto fue lo acontecido:
Te tengo que decir algo pero ahora mismo no me acuerdo.
¿Qué es? Pregunta ella
No lo sé, ahora no me acuerdo.
¿Qué soy muy trabajadora? ¿Qué soy la mejor socorrista? ¿Qué soy la mejor recepcionista?
Es imaginativa Mis Priscila.
Es algo negativo, le digo. Ella se queda pensado.(No lo iba a divinar)
Ya me acuerdo! No puedes estar tanto tiempo hablando por teléfono. Ella lo acepta y aquí se acaba la historia de la primera vez que llamo la atención. No ha sido tan difícil. He de mejorar, no puedo utilizar siempre la tonta táctica del no me acuerdo.
Mis Priscila es una chica alegre, guapa de cara, con la sonrisa siempre puesta, joven. Le saco catorce años. Me estoy haciendo mayor. Con ella he tenido dos momentos de desconcierto.
Un hombre se dejó la funda de las gafas en el suelo cerca del jacuzzi. Mis Priscila estaba hablando con un usuario que tenía gafas y había posibilidades que la funda fuera de él. De espaldas al hombre estuve haciendo señales a Mis Priscila. Señalaba la funda y luego al hombre para que le preguntara si la funda era suya. Pero esta no entendió mis señales. El hombre se fue y al rato volvió para preguntar por la funda. Ese fue el momento en el que Mis Priscila se enteró de el significado de mis señalizaciones.
Tenemos una piscina para niños donde hay una seta gigante por donde sale agua en forma de cascada. El agua de la seta se activa desde recepción. Mis Priscila estaba allí mirándome extrañada. Yo le estaba haciendo señales desde la piscina. Señalaba la seta para que encendiera el agua, pero ella movía su cabeza negando y con expresión de no te entiendo. Le hacia el gesto de girar el interruptor con una mano y señalaba la seta con la otra, pero seguía sin enterarse, también estuve imitando la cascada de agua con las manos pero no había manera. Al final salí a recepción y encendí yo mismo la seta.
En recepción pensaba cuál sería la mejor manera de llamarle la atención por haber estado tanto rato hablando por teléfono con Rosa la Seca.
No quería que fuera una manera brusca porque Mis Priscila tiene sensibilidad juvenil. Esto fue lo acontecido:
Te tengo que decir algo pero ahora mismo no me acuerdo.
¿Qué es? Pregunta ella
No lo sé, ahora no me acuerdo.
¿Qué soy muy trabajadora? ¿Qué soy la mejor socorrista? ¿Qué soy la mejor recepcionista?
Es imaginativa Mis Priscila.
Es algo negativo, le digo. Ella se queda pensado.(No lo iba a divinar)
Ya me acuerdo! No puedes estar tanto tiempo hablando por teléfono. Ella lo acepta y aquí se acaba la historia de la primera vez que llamo la atención. No ha sido tan difícil. He de mejorar, no puedo utilizar siempre la tonta táctica del no me acuerdo.
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