sábado, 1 de enero de 2011

EL apartamento (capítulo 5)

Quien inventó en horno eléctrico tuvo una buena idea. Al que se le ocurrió poner un cristal transparente en la puerta del horno, tuvo otra buena idea. Al que se le ocurrió poner reloj temporizador, luz y un ventilador, también tuvieron buenas ideas.
En el apartamento donde vivía antes tenía un horno sin puerta transparente, sin luz, sin ventilador y sin reloj temporizador.
El primer día que uso el horno en mi nuevo apartamento, compré pescado. El pescado estaba congelado y venía dentro de una caja metido en una bolsa. Hasta aquí todo bien hasta que leí las instrucciones de cocción. Ponía que para hacer el pescado se debe meter la bolsa con el pescado en el horno a 220 grados de temperatura. ¿Cómo voy a hacer eso? Pensé. De toda la vida el plástico se derrite con el calor, pensé otra vez.
No me fiaba de las instrucciones y puse el pescado en bolsa dentro del horno pero solo con el ventilador encendido. En la caja había un dibujo de ventilador. A mi favor he de decir que era la primera vez que hacía funcionar el horno. Después de doce minutos observando constantemente el pescado a través del cristal, (la bolsa tiene una parte transparente por donde se puede ver el pescado) llegué a la conclusión que el pescado no se estaba haciendo y el ventilador no calienta por si solo. Si es que, soy muy listo.
La bolsa de plástico está cerrada por cada uno de sus lados y no hay manera de que se salga el pescado si no es abriéndola con un objeto cortante (tijeras)
En un arrebato de valentía, me aventuré a poner el horno con el pescado en bolsa a 220 grados de temperatura, me la juego. Es la cosa más peligros que he hecho en tiempo.
Con el paso de los minutos y sin dejar de mirar el pescado por un segundo, vi que la bolsa en vez de derretirse se estaba hinchando, Cáspita!! ¿Que fenómeno físico estará sucediendo? Después de veinte minutos y asustarme con el ruido de la alarma del reloj temporizador indicador del final de cocción, la bolsa no se había derretido y el pescado parecía hecho. Saco la bolsa del horno, la corto, dejo caer el contenido en un plato y sale el pescado caliente con salsa también caliente. (También había salsa).
Estaba bueno. Hice patatas y lo acompañé con ensalada, pan y de postre, helado.
Si los descubridores del fuego vieran este fenómeno, se caerían de espaldas, yo estuve apunto de caerme, pero porque me tropecé con la pata de una silla. Tenía la silla para sentarme y mirar el pescado y luego al abrir el horno alucinado por los acontecimientos se me olvidó que la tenía detrás y por poco me caigo.

 

Nada más

2 comentarios:

  1. ¡Increible, lo que inventa el hombre blanco! Y de otros colores también.

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  2. Haber probado a encender el horno eléctrico con una cerila, por la parte de arriba por supuesto, esa es lo que ahora se llama la opción turbo, dora mas y sobretodo calienta mas. Y lo que es mejor si cae una chispa te revienta la bolsa.Besamelo.

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