En el quinto día como jefe trabajo con María Macho en recepción, Musculman en el gimnasio, Rizos y Rosa la Seca en la piscina.
Las nueve de la mañana y María Macho no aparece. Se retrasará un poco. Viene Rizos y me dice que María no vendrá, se lo dijo ayer.
La alegría me desborda. No hay nadie para cubrir recepción y me tengo que quedar atendiendo a la gente porque ni Rizos ni Musulmán saben como manejar el programa del ordenador. A las once viene Rosa la Seca. Ella si sabe, trabajaba de socorrista pero la voy a poner en recepción. A las once tengo una clase de natación y no tendré tiempo para cambiarme y preparar la clase. Viva la alegría
Soy un recepcionista con poca experiencia, muchos cosas no las sé. Por ejemplo: No sé como se utiliza la máquina para pagar con tarjeta de crédito, rezando estuve para que no viniera nadie con tarjeta. El tercer cliente, un hombre con dos niños, no tiene dinero en efectivo y saca la tarjeta de crédito. Se me queda más cara de tonto. Meto la tarjeta en la máquina pongo el precio en el ordenador y aquello no funciona. La saco, la meto ( nada sexual) y sigue sin funcionar. Otros días si funcionaba, dice el hombre, como queriendo decir, no tienes ni idea, pringao. Respiro y como no le puedo pegar, le digo que pague cuando salga. Afortunadamente sale cuando llega Rosa la Seca.
Después de aprender el funcionamiento del aparato, otro día en una sustitución entre semana y también en recepción, volvió a venir el mismo hombre con sus dos niños y cuando estaba ansioso por demostrar mi habilidad en el mundo de las tarjetas, se mete las mano en el bolsillo y en vez de darme la tarjeta paga con dinero. No pude sacarme la espina del primer encuentro, pero esto no acabará así, me he quedado con su cara.
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